El estudio clásico de Grossman (1968), que hizo seguimiento radiográfico de 66 dientes con instrumentos fracturados retenidos durante hasta 6 años, encontró que cuando el hueso periapical era normal antes del accidente, se mantuvo normal en casi todos los casos — a pesar de que el fragmento impedía la esterilización y obturación completa del conducto. Es decir, el pronóstico depende más del estado de salud periapical previo que de la simple presencia del instrumento retenido. Aun así, siempre que sea posible, lo ideal es intentar su remoción, procurando conservar la mayor cantidad de estructura dentaria sana.
Lo ideal, ante una fractura, es primero intentar sobrepasar el instrumento — es decir, ganar acceso más allá del fragmento para poder seguir instrumentando y desinfectando el conducto — y una vez logrado esto, proceder a su remoción.
En este caso, el fragmento correspondía a la punta de un instrumento de ultrasonido fracturada dentro del conducto palatino. Se logró sobrepasarlo y, con activación ultrasónica en seco (sistema Clearsonic Helse) combinada con una punta Eddy (VDW) para agitar el hipoclorito de sodio, el movimiento del líquido ayudó a liberar el fragmento. No es una técnica de uso general, pero en este caso permitió la remoción completa sin comprometer la anatomía del conducto.